martes, 27 de enero de 2026

Cuando amar mucho no es lo mismo que ser elegida

 Hubo una etapa de mi vida en la que sentí todo con demasiada intensidad.

La conexión con alguien llegó de forma inesperada, primero como amistad, luego como algo que parecía especial. Compartíamos gustos, palabras, silencios, y durante mucho tiempo creí que eso bastaba.

Con el paso de los meses aprendí que no siempre es así.

Yo daba tiempo, atención, cuidado y presencia. Me esforzaba por entender, por no incomodar, por adaptarme. Pensaba que amar era eso: sostener incluso cuando dolía. Pero poco a poco empecé a notar algo que no quería aceptar: no estaba siendo elegida.

No de forma clara.
No cuando había conflictos.
No cuando mis sentimientos necesitaban prioridad.

Aprendí lo que se siente ser la segunda opción sin que nadie lo diga directamente. Estar, pero no del todo. Ser importante, pero reemplazable. Amar mucho, pero recibir migajas emocionales.

Durante mucho tiempo pensé que el problema era yo:
que no era suficiente,
que no decía las palabras correctas,
que amaba “mal”.

Hoy sé que no era eso.

A veces simplemente amas a alguien que no sabe (o no puede) amar de la misma forma. Y eso duele, porque no hay un culpable claro, pero sí una herida profunda.

También entendí algo difícil: amar con intensidad no justifica olvidarte de ti.
No tienes que romperte para sostener a alguien más.
No tienes que competir con otras personas por un lugar que debería ser claro.

Alejarme fue doloroso, pero necesario. No porque dejara de sentir, sino porque empecé a elegirme. Y aunque el recuerdo todavía duele a veces, ya no me define.

Esta no es una historia de rencor.
Es una historia de aprendizaje.

Porque hoy sé que merezco un amor que no dude, que no me esconda, que no me ponga al final de la fila.
Y aunque sigo sanando, también sigo avanzando.

Estoy tratando de mejorar. Y eso, por ahora, es suficiente.

Esto me paso hace muchisimo pero definitivamente me marco 



No hay comentarios.:

Publicar un comentario