Entiendo de dónde viene esa frase. La he usado, la he defendido y la seguiré defendiendo en muchos contextos. Pero también me parece que se ha convertido en un escudo para no analizar nada. Porque una cosa es defender la autonomía de una mujer y otra muy distinta es usar esa autonomía para cerrar la crítica sobre cómo se sigue sexualizando el cuerpo femenino.
Esto me recuerda a la discusión de las tradwifes.
Las tradwifes y el malentendido de la “libre elección”
Hace tiempo salió a relucir toda la propaganda de las tradwifes. No vengo a hablar exactamente de eso, pero creo que tiene mucho que ver con lo que realmente me interesa decir.
Para quien no sepa: una tradwife es una mujer que se presenta como esposa tradicional, dedicada al hogar, a su esposo y a sus hijos, y que además lo exhibe como un ideal de vida. No es lo mismo que ser ama de casa. Ser ama de casa es un rol. Ser tradwife, en el sentido del que hablo, es convertirlo en propaganda.
Cuando salió todo esto, muchas mujeres dijeron en redes: “¿Qué tiene de malo querer ser ama de casa?”, “Ahora es mal visto ser una buena esposa y querer hacerte cargo de tus hijos”. Y no eran esos comentarios los que me molestaban. Lo que me molestaba era la respuesta que les daban las mujeres que están en contra de ese movimiento: “El feminismo luchó para que fueras libre de elegir. Si tú quieres ser ama de casa, está bien”.
Para mí, desde mi opinión personal, el feminismo no luchó para que una mujer desde una posición privilegiada insistiera a otras no tan privilegiadas a vivir la vida “soñada”. No luchó para que unas pocas convirtieran la dependencia en aspiración. Luchó para que todas tuviéramos opciones reales, no para que unas cuantas romantizaran la falta de opciones de las demás.
Y ahora, con el comercial de Sydney Sweeney, se aclaró más esta idea que tenía en mente.
De las tradwifes al comercial de Sydney
Retomando lo de las tradwifes, mi molestia no era que una mujer quisiera quedarse en casa. Era que se vendiera como libertad algo que para muchas no lo es. Y con el comercial de Sydney pasa algo parecido, pero en otro terreno: se usa “es su cuerpo” para no hablar de las consecuencias que ese mensaje tiene para todas las demás.
Primero, un poco de contexto: las mujeres han pasado años y años luchando para entrar en el mundo deportivo y, además, para ser valoradas por lo que hacen y no por cómo se ven.
Muchos justifican a Sydney diciendo que es su cuerpo y que ella hace lo que quiere. Y sí, es su cuerpo. Pero NO: eso no significa que no esté afectando a un montón de mujeres. Está sexualizando de nuevo el cuerpo de la mujer, y lo hace en un momento en el que un sector tan vulnerable como las deportistas sigue siendo visto con morbo, como si su cuerpo fuera lo único que valiera la pena ver en televisión. Eso, además de un montón de problemas que de verdad deberían tomarse en cuenta e investigarse, y que si los pusiera aquí mismo no terminaría nunca.
Luego dicen cosas como: “Ustedes feministas dijeron que mostrar los pechos no debería ser mal visto, y además en algunas marchas los muestran”. Y no, no se trata de una competencia de quién se escandaliza más. No es lo mismo reclamar autonomía sobre el propio cuerpo que celebrar una campaña que lo usa como gancho comercial. La desnudez no es el problema. El problema es la cosificación, la intención y quién se beneficia de ella.
Una cosa es autonomía corporal. Otra muy distinta es publicidad que convierte el cuerpo en argumento de venta.
No critico a las mujeres. Critico a la industria.
Quiero ser muy clara en algo: no critico a las mujeres que están en la prostitución ni a las que producen contenido sexual. Critico a la industria que las explota, a los consumidores que sostienen esa demanda y al sistema que les vendió la idea de que su cuerpo era lo único que podían ofrecer para salir adelante.
No estoy en contra de ellas. Estoy en contra del mercado que convierte el cuerpo femenino en producto.
Y no, no creo que exista una mujer en prostitución que no sea víctima. Si tuviera dinero, si tuviera privilegios, si tuviera opciones reales, no estaría ahí. Sé que algunas dicen elegirlo y que no se sienten explotadas. Pero esa elección no ocurre en el vacío: ocurre en un mundo que sigue enseñando que el cuerpo de la mujer puede comprarse, alquilarse o exhibirse para consumo de otros. El sistema les vendió que era el único camino, y a veces el sistema lo sigue vendiendo incluso después de que logran salir.
El caso de Mia Khalifa: salir, denunciar y volver
Hay un ejemplo que me parece clave para entender esto: Mia Khalifa.
Mia Khalifa estuvo en la industria del porno apenas unos meses, pero el estigma la persiguió durante años. Salió en 2015, intentó llevar una vida normal, consiguió trabajo, se convirtió en activista, denunció la industria, habló de cómo se aprovecharon de ella siendo una chica joven, y muchas feministas la apoyaron. La apoyaron precisamente porque representaba algo importante: una mujer que lograba salir, reconstruirse y usar su experiencia para advertir a otras.
Pero en 2024, Mia Khalifa volvió a la industria de adultos. Abrió su cuenta de OnlyFans y regresó a producir contenido sexual. Y ahí es donde muchas de las que la habíamos apoyado nos quedamos con una sensación amarga.
No se trata de decir “traicionó al feminismo” como si fuera una traidora. Se trata de reconocer algo más incómodo: incluso una mujer que salió, que denunció, que tuvo apoyo, que tuvo oportunidades, puede volver. Y cuando vuelve, no vuelve sola: arrastra consigo el mensaje de que al final ese era su lugar. De que la industria siempre gana. De que el cuerpo de la mujer, por más que se denuncie, sigue siendo una mercancía rentable.
Por eso digo que no existen mujeres en prostitución que no sean víctimas. Porque incluso las que creen elegir, incluso las que vuelven con dinero y con plataforma, siguen atrapadas en un sistema que las convirtió en producto antes de que pudieran decidir otra cosa. Y los consumidores, los que pagan, los que sostienen esa demanda, son parte de esa trampa.
No estoy en contra de las mujeres que sobreviven dentro de este sistema. Estoy en contra del sistema que las convierte en mercancía y de los que pagan por mantenerlo.
“Es su cuerpo”: por qué no es lo mismo en el aborto
Aquí es donde muchas veces me responden: “Pero ustedes las feministas usan el mismo argumento para el aborto: mi cuerpo, mi decisión”. Y no, no es lo mismo.
En el aborto, “mi cuerpo, mi decisión” significa que nadie puede obligarme a usar mi cuerpo para continuar un embarazo que no quiero. Es un derecho a no ser usada, a no ser recipiente, a no ser obligada. Es una defensa contra una imposición externa: el Estado, la pareja, la religión, la sociedad.
En la prostitución y la pornografía, “mi cuerpo, mi decisión” se traduce en que otro puede pagar por acceder sexualmente a mí. Una cosa es decidir sobre mi cuerpo para proteger mi integridad. Otra es convertirlo en objeto de consumo para otro.
Por eso no es el mismo argumento, aunque use las mismas palabras. En un caso, el cuerpo se protege. En el otro, el cuerpo se vende. Y no, no estoy diciendo que las mujeres que están ahí sean simples objetos: estoy diciendo que la industria las trata como tales, y que los consumidores pagan para que eso siga existiendo.
El comercial de Sydney Sweeney no es prostitución, pero comparte algo con esa industria: usa el cuerpo de una mujer para vender. Y cuando lo criticas, te responden “es su cuerpo”. Como si el hecho de que sea su cuerpo eliminara el impacto colectivo. No lo elimina. Lo esconde.
Para cerrar
El feminismo no es “haz lo que quieras”. El feminismo es preguntar desde dónde eliges, a quién beneficia tu elección y a quién perjudica. Una mujer puede elegir algo, pero eso no vuelve automáticamente feminista esa elección.
“Mi cuerpo, mi decisión” no puede ser el final de la conversación. Tiene que ser el inicio.
Porque mi cuerpo es mío, sí. Pero también vivo en un mundo con otras mujeres. Y lo que yo hago con mi cuerpo no ocurre en el vacío: ocurre en un sistema que sigue mirando, comprando y vendiendo el cuerpo de las mujeres como si fuera lo único que tenemos para ofrecer.
Y yo estoy harta de que eso se siga llamando libertad.
Yo también estoy harta de que usen el cuerpo de la mujer como una propaganda basura, y lo peor es que siempre está esa justificación de "Mi cuerpo, mi decisión" y yo donde quedó?, por qué tenemos que ajustarnos a los estereotipos que nos impone la sociedad respecto a las decisiones qué tenemos sobre nuestro cuerpo como si nacer mujer te marcara con un estima de como debe ser"la mujer ideal", mi libertad y mi cuerpo no debe ser usado como una propaganda para justificar las acciones de una sola persona.
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